Aventura Perdida

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             Esa mañana se levantó de muy buen humor. ¿Será que el sueño que tuvo anoche fue realmente agradable? Él solo lo sabía. Y por el reflejo del espejo era cierto. Diego tenía una idea en su cabeza, quizás lá unica por el momento. Lo que tanto esperaba se iba a hacer realidad. Después de cepillarse los dientes, vestirse y limpiar sus zapatos, el muchacho de 26 años comenzó a caminar hasta la parada de metrobus. Hacía un poco de calor, a pesar de llevar su uniforme, que le exigía un sweater negro. Mientras esperaba su medio de transporte diario sacó de su maletín marrón un libro. Recuerda haberlo visto hace unas semanas en la librería y le dio tanta curiosidad saber el contenido que lo compró la semana pasada. Tuvo suerte, estaba a punto de agotarse. Las páginas mezclaban la aventura de los caballeros con espada y el romance hacia una bella princesa. Una historia que lo hizo acordarse de las tardes que pasaba junto a su abuela cuando le narraba muchos cuentos.

             Finalmente, Diego se montó en el metrobus y continuó la lectura del libro sin importarle el ruido de los pasajeros y el calor del momento. Al llegar al despacho de arquitectura, lugar donde trabajaba se concentró en sus deberes por muchas horas. Sin embargo, de vez en cuando recordaba al caballero Robles cuando iba a buscar a su princesa, la doncella Mariana, en medio de un camino de espinas. Diego fue nombrado gerente general de la empresa, más feliz no podía estar: venían cambios favorables para él profesionalmente, pero había algo que no lo dejaba en paz.

           El fin de semana, sus compañeros de trabajo le organizaron una reunión para celebrar el ascenso en la compañía. Aunque Diego no tenía ganas de ir, decidio asistir. Llevaba una franela blanca y un pantalón oscuro, nada del otro mundo. Sus colegas parecían estar más emocionados que él. Diego trajo consigo el libro que hasta ahora llevaba por la mitad y se concentró en la lectura a pesar de la música que estaba en alto volumen y las carcajadas de sus compañeros. Era obvio que no se sentía muy complacido con la celebración. Los colegas insistieron en que dejara el libro un rato, se divirtiera con la música de moda y el licor, pero ya le faltaban dos páginas para terminarlo.  La princesa Mariana fue enviada a otra región por causa de la guerra, que cada día aumentaba. Para el caballero Robles fue una situación amarga, no pudo estar con ella debido a su compromiso con el ejército.

         Al día siguiente, Diego se levantó de su cama con una gran pesadez en el cuerpo. No recordaba sus movimientos. Buscó el libro y no lo encontró, menos el celular. Inmediatamente tomó el teléfono de la sala y llamó a uno de sus compañeros. Este le informó que mientras salían del local, en muy mal estado, unos sujetos le robaron el celular y el libro que traía. Al escuchar eso, Diego quedó en shock. Era lo único que quedó de su abuela antes de su desaparición en aquella tormenta….

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