Abrazo viajero


love airY aquí estás frente a mí después de dar tantas vueltas. Cuando me enteré de tu regreso me emocioné a más no poder. Te imaginé como alguien que podía llegar casi a la perfección humana, al menos eso eras en mis pensamientos.  Una persona bondadosa y pura de espíritu en la cual confiar,  mi significado particular del prototipo de alma gemela a la que nadie es capaz de igualar. Nuestro contacto inicial fue a través de un teclado, en el que las palabras eran las protagonistas de nuestras conversaciones. La gente dice que el amor es una cosa inexplicable que sólo se siente y se nota aunque se trate de ocultar. Pues pasó… tanto que lo negaba a mi mismo y creía que los demás no se iban a dar cuenta de que yo tengo corazón.

Este “corazón de piedra”  se fue ablandando ante tu cortesía, educación y temas para hablar en el poco tiempo que nuestras responsabilidades profesionales nos dejaban.   Teníamos algo en común: el papel. Te encantaba que yo escribiera sobre ti porque de esa manera te asegurabas de que te estaba conociendo con detalles tan simples como un “¿qué haces?” y “¿a qué te dedicas?”. Al principio no quería mostrar mucho interés, pero tu insistencia en hacer amistad era más grande que mis impertinencias electrónicas. Me gané el apodo de “odioso” y con razón. Me hiciste pensar que de verdad era un ser antipático y eso llegó a incomodarme.  Tanto así que en la calle se acercó a mí un señor de la tercera edad, de esos que se le nota la experiencia vivida. Recuerdo que me miró fijamente a los ojos y me dijo que tenía que cambiar mi actitud. Todo lo que imaginara se iba a volver realidad. Ante tan extraña premonición decidí ponerlo en práctica.

Me preparé para hacerte entender por medio de los mensajes que quería confiar en mí y en ti a la vez. Te propuse encontrarnos el fin de semana en el cine. Con ganas de reír y llorar, llegué al centro comercial con mi mejor pinta: una camisa a cuadros y un pantalón marrón que casualmente me había regalado mi mamá la navidad anterior. Con ese amuleto de la suerte, me senté en el banquito que está cerca de la entrada a la sala a esperarte…. Esa tarde pronosticaron lluvias moderadas y efectivamente cayó una tempestad en la ciudad capital… y en mi vida…. No supe más de ti hasta que nuevamente coincidimos, después de unos meses por mensajería en la que me diste una serie de explicaciones que ya no tenían importancia. Con el paso de los días comprendí que no estábamos listos para dar ese paso juntos. Tus temores, los míos, fueron la causa del desencuentro. El tiempo nos dará un espacio para pensar qué queremos y así poder avanzar. Tú allá, yo aquí. La amistad no tiene fronteras y contar con alguien como tú siempre será un gran apoyo estés donde estés.

También pueden leerla en este enlace http://concursocartasdeamor.com/abrazo-viajero/

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