Un alumno desobediente


      Al subir las escaleras escuchaba risas, gritos, y groserías de mis alumnos. Muchos de ellos sentados en grupo, mientras que otros estaban frente al pupitre y repasaban las lecciones de literatura previa al examen final de lapso. Sabía que por última vez durante este año pondría carácter a esos muchachos indisciplinados, pero sé que lo hago por su bien. Al mirarme, todos corrieron a sus puestos, sacaron una hoja y comenzaron a escribir las preguntas que les dictaba.

     .- ¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje en este lapso y año escolar? Responde en un párrafo.

     Cuando iba a dictar la siguiente pregunta se apareció Gregorio, uno de mis peores alumnos desde que trabajo en este colegio. Llegó sudado, con la camisa por fuera, sin correa en su pantalón y los zapatos sucios. Tenía un lápiz en la mano al que le daba vueltas. El chico pasó al salón, pero no me pareció justo para el resto de sus compañeros.

.- Gregorio, no puedes presentar la prueba – , le dije con autoridad.

.- ¿Y por qué? ¿Quién es usted para decirme lo que debo o no debo hacer? – Me gritó.

.- Tu profesor, tan sencillo como eso. Recoge tus cosas y te vas a coordinación. – Repetí.

.- Sáqueme a patadas, pues. ¡De aquí no me voy! – Insistió.

       Tuve que llamar a la coordinadora de la sección, la señora Morales,  para que Gregorio me hiciera caso, es un alumno impuntual y poco interesado en la materia. Sin embargo, la jefa, una mujer de mediana edad, me indicó que el adolescente tiene problemas para llegar temprano a la escuela: el transporte público está de paro, no han querido aumentar el pasaje y los choferes esperan una respuesta ante esa situación. Gregorio tiene que caminar diez cuadras para llegar a la institución donde estudia. Por eso nunca está a tiempo.

.- Eso no es excusa para no prepararse para las evaluaciones escritas, este alumno tiene reprobada la materia -Afirmé.

     Gregorio respira profundo y le pide una segunda oportunidad a su profesor, ya que va a tomar clases dirigidas para sacar una mejor calificación.

  • Le prometo que voy a tener la nota más alta en su asignatura – Dijo animado.
  • Hazlo por ti, por tu educación, para que seas alguien en la vida – Le aconsejé.

Esas fueron las últimas palabras para un alumno que hoy, después de 20 años de aquel hecho, es uno de los más importantes gerentes empresariales del país. ¡Qué honor haberle enseñado un poco de mis conocimientos!

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Mocabeot. Vivo para escribir. dice:

    Bello mensaje, es cierto que a veces juzgamos sin saber el porque de las cosas. Gracias por compartir tu escrito.

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