Recompensa que vale oro


hacienda

 

“Cacao de Oro” es la hacienda más productiva del pueblo “La Orquídea”. Todos sus trabajadores sienten pasión por la labor que realizan día a día, desde muy temprano. Uno de esos empleados orgullosos de lo que hace es Pedro, un humilde campesino que adora trabajar la tierra de sus patrones, en especial de Emiliana Robles, quien desde que lo conoció le ha prometido mejorar su situación económica, y conseguirle una escuela para estudiar. Pedro se siente atraído por el carácter de esa mujer, a quien no le tiembla el pulso para despedir al que no cumpla con sus responsabilidades. Sin embargo, Emiliana no tiene tiempo sino para administrar la hacienda, la cual sus abuelos le dejaron como herencia antes de su muerte.

El amor en Emiliana no existe, en cambio Pedro está dispuesto a ganarse su corazón con base en el apoyo y trabajo en conjunto. Es así como Pedro sorprende a Emiliana con la noticia de que comenzó a estudiar en una escuela rural. Ella se alegra por el paso importante que su empleado ha dado para mejorar su vida. Al mismo tiempo le pide disculpas por no haberlo ayudado cuando se lo prometió. Emiliana siente que ha fallado en muchas cosas, sobretodo en no cumplir las palabras que le dice a su gente, esa que la apoya bajo el sol. Lo que nadie imagina es que “Cacao de Oro” sufre pérdidas y Emiliana va a tener que despedir a muchos de sus trabajadores por cuestiones de presupuesto. Esto le duele aún más por tratarse de un negocio familiar, el cual sus abuelos levantaron con el sudor de sus manos. Al ver el nombre de Pedro Gómez en la lista, las lágrimas corren por sus ojos, ya que no quiere alejarse de él. Pedro se ha comportado como un gran caballero y la ha apoyado en la situación crítica al trabajar horas extras sin que ella sepa. Es un hombre de fe, perseverancia y confianza, dispuesto a volver a ver a la hacienda en su mejor momento, y por supuesto observar la hermosa sonrisa  de la dueña del “Cacao de Oro”.

– Sé que lo que voy a hacer no es justo para ti, pero es necesario. – afirmó una dolida Emiliana
Usté mande que yo ordeno sin protestá, dijo Pedro con firmeza.
– Te tengo que despedir, Pedro. No tengo dinero para pagarle a mis empleados. – con voz temblorosa habló Emiliana.
– No se preocupe, patrona. Yo la voy a ayudar pa´ que “Cacao de Oro” vuelva a se´ la mismita que sus abuelos vieron nace´. – Aseguró Pedro.

Emiliana vio en los ojos de su empleado la esperanza. A pesar de haber sido despedido, Pedro continuó colaborando con ella al buscar nuevas alternativas para conseguir dinero: vendieron todas las joyas familiares para así pagarle a esas personas que la han ayudado todos estos años. Emiliana está muy agradecida con Pedro por todos esos gestos de apoyo, aunque en todo el tiempo que han pasado juntos en ella ha renacido el amor. Ahora Pedro no es solo su empleado, es su compañero de vida, el que siempre apartó por sus obligaciones laborales y lo dejó a un lado, como si huyera de sus propios sentimientos. La vida le da una nueva oportunidad para reconocer en Pedro a esa mitad que le faltaba a su vida para ser feliz, sin importar el origen, porque lo que se hace de buena fe siempre genera una gran recompensa.

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