Las creencias de Ana


Capítulo 1

          Estudiar es una pasión inagotable para Ana. Todos los días se levanta temprano para llegar a tiempo a su aula de clases. Camino a la institución educativa, la adolescente de 15 años recién cumplidos carga consigo un libro llamado “Tradiciones familiares” que le regaló su hermano Santiago en su cumpleaños. Se trata de una serie de escritos elaborados por Marisa, su difunta madre, en los que cuenta su experiencia de vida como mujer casada y madre de dos hijos adorables.

          Lamentablemente, Marisa falleció por causas que todavía no se han descubierto porque su padrastro, José, ha detenido la investigación. Ana cree que su madre murió debido a un infarto, sin embargo Santiago cree que su fallecimiento no tiene nada que ver con la naturaleza.

      Para olvidar la pesadilla que resulta vivir en una casa de dos pisos, varias habitaciones y poca gente, Ana sale del colegio directamente para el centro comercial más cercano a soñar con su héroe de cuentos de hadas, Eduardo. Él es un muchacho de baja condición económica que ha luchado por obtener el lugar que le corresponde en una tienda de tecnología llamada “SoluTech”, ahí Eduardo se encarga de mostrar lo más reciente en celulares, tabletas y demás aparatos relacionados con la tecnología. Eduardo sueña con terminar la educación secundaria, pero su prioridad está en trabajar para ayudar a su madre Gloria, vendedora de frutas.

        Un día, Ana tiene un examen de Literatura y una de las preguntas que debe contestar es la siguiente: .- ¿Cuáles son las actividades que realizas los domingos con tus padres?

        Ana se detuvo a pensar unos minutos en la información que debía contestar en esa prueba escrita, miraba el techo marrón de su aula de clases, luego veía a sus compañeros y se decía a sí misma:

.- Si mi mamá estuviese viva seguro saldríamos al parque y nos reiríamos al sentarnos en la grama a tomar desayuno.

           De pronto se escucha un ruido que viene de alguna parte del salón de clases:

.- Shhhh. No quiero escucharlos, no es la hora del receso – Dijo la profesora Amalia, quien estaba atenta a cada movimiento de sus alumnos.

Disculpe, pensé que estaba en mi habitación –  Reconoció Ana, luego del llamado de atención de su profesora.

       Ana responde la pregunta que le faltaba en su examen, mira la hora en su celular con poca batería, se levanta de su puesto y corre hasta su profesora para entregarle  la hoja. Ana camina lo más rápido que puede para salir del colegio y se detiene en medio de la calle porque no puede respirar.

.- Ojalá no te hayas ido todavía – suspiró Ana al mirar el celular que le indica utilizar de inmediato el cargador o ya no tiene como comunicarse con su familia.

Continuará…

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