Capítulo 2 – Las creencias de Ana


      Ana tiene el celular en sus manos conjuntamente con su libro “Tradiciones Familiares” que no deja en ningún momento, Ella guarda el celular en uno de los bolsillos de su pantalón verde oscuro y se dispone a pasar la calle. Respira. Frente a ella se acerca un carro blanco a toda velocidad. El conductor frena a tiempo y al ver a la chica asustada baja el vidrio:

  • ¡Fíjate en el semáforo, muchacha! Por eso es que hay tantos accidentes en la vía pública, por distraídas como tú. – Completó el dueño del automóvil.

Ana, aún sin poder creer los gritos de un desconocido frente a la gente, que la miraba asombrada y riéndose por su falta de atención, respondió:

  • Bueno, sí. No lo vi. ¿Contento? Siga su camino y déjeme continuar con el mío.
  • Pisa tierra, muchachita. Un día de estos te vas a morir como una tonta por no ver hacia el frente. – Recomendó el señor un poco molesto.

           Ana caminó rápido hasta el centro comercial donde trabaja Eduardo. Tenía ganas de llorar, pero se contuvo para poder entrar a “SoluTech” con una enorme sonrisa. Ana saludó muy feliz al novio de sus sueños mientras coloca su libro favorito en la mesa que está frente al chico; él se reía de ella porque todo lo hace a propósito al darse cuenta de su ilusión. Como buen caballero, Eduardo se mantiene en silencio y escucha sus historias. Ana le contó a Eduardo que estuvo a punto de morir por culpa de un hombre desconocido que andaba en un automóvil:

  • Me comenzó a gritar en medio de la calle y la gente de reía de mí, Eduardo. No es justo que alguien que no me conoce me trate con tanta desconsideración.
  • Y tú no viste que frente a ti venía un carro. Estoy de acuerdo con el desconocido, Ana. – Afirmó Eduardo.

              En medio de risas contenidas Eduardo abre “Tradiciones Familiares” por curiosidad. En la primera página observa una foto en blanco y negro de una mujer de 25 años con dos bebés: uno de 5 años y una de 2 años.

  • Ella debe ser tu mamá, tu hermano y tú, Ana. – Aseguró Eduardo
  • ¿Cómo adivinaste, Eduardo? No me diste oportunidad para hablarte de ese tesoro llamado “Tradiciones familiares”, dijo una sorprendida Ana.
  • Es obvio, Ana. Debe ser muy agradable guardar estos recuerdos para compartirlos con otras personas. Al menos ustedes coleccionan momentos. Yo, nada. – un triste Eduardo
  • ¿No te has tomado ni un selfie con tu mamá? , pregunta Ana con gran interés

               De pronto se escucha el sonido de un timbre. Es el celular de Ana que suena. Ella saca el teléfono y se da cuenta de la llamada entrante  de su padrastro José. El celular tiene 1% de batería y Ana le pide a Eduardo que le preste un cargador para su teléfono. Enseguida el chico le muestra un cargador viejo, pero que todavía está en uso. Sin embargo, de una de las puertas de la tienda aparece Gregorio, gerente de “SoluTech”, quien al ver el préstamo a través de una cámara instalada en lugares específicos se asegura de que su empleado cumpla con sus labores.

           Eduardo, los asuntos personales se atienden en la hora libre o en la salida – Dijo Gregorio en un tono muy serio.

En ese momento entra José a la tienda muy molesto con Ana.

  • ¿Por qué no atiendes el teléfono? Llevo más de una hora que trato de comunicarme contigo. Tuve que llamar a una de tus amigas para que me informaran sobre ti.
  • ¿Me dejas hablar, José? Y no me llames la atención frente a mis amigos, respondió Ana con una seguridad actuada.

              Eduardo y Gregorio estaban atentos al espectáculo que resultaba un problema ajeno entre padrastro e hija. Se notaba que entre Ana y José el odio era mutuo. Se soportaban por el recuerdo de Gloria, pero al fallecer sus verdaderas intenciones aparecieron.

  • Vine aquí porque necesito comprar un nuevo cargador. El que tengo está dañado – Inventó un poco nerviosa Ana.
  • Si solamente me lo hubieses pedido vengo a comprártelo enseguida – comentó José más calmado.

                José volteó su mirada hasta el mesón y observó el libro “Tradiciones familiares”. De prisa dirigió sus ojos a Ana para tratar de investigar cuál es la intención de su hijastra el traer un libro tan íntimo como el que dejó su esposa antes de fallecer. ¿Qué esconde José ante esa mirada retadora que lanzó a Ana?

 

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